¡TRATADO COMO UN DELINCUENTE! Musico venezolano de la Orquesta Sinfónica es detenido maltratado y deportado en aeropuerto México

@DolarToday / Mar 13, 2018 @ 7:00 am

¡TRATADO COMO UN DELINCUENTE! Musico venezolano de la Orquesta Sinfónica es detenido maltratado y deportado en aeropuerto México

Jesús Alexander Pérez permaneció retenido e incomunicado durante más de 10 horas en un cuarto angosto y oscuro en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. “Me trataron como un delincuente”, relata. Su travesía no ha culminado. Las autoridades de migración lo enviaron a Bogotá, ciudad donde permanece sin recursos para costear un pasaje y solventar su situación migratoria.

(12/03/2018 – Nota de Prensa Hijos de Morán)
¿A qué vienes a México?, fue la primera pregunta que le realizaron funcionarios de migración a Jesús Alexander Pérez a su llegada al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Parecía un procedimiento de rutina, pero se convirtió en una larga y turbulenta experiencia.

Es venezolano, nacido en El Tocuyo, estado Lara, y uno de los músicos más destacados del país, con una trayectoria de más de 20 años. Integra la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde hace 15 años, es profesor de viola del Sistema de Orquestas venezolano y del Conservatorio de Música Simón Bolívar.

Dejar Venezuela no fue precisamente un sueño, de hecho, nunca antes lo consideró, aunque su esposa Mildred posee la nacionalidad mexicana por naturalización y tiene a su hermana mayor, tíos y primos en ese país. Pero ahora se convertía en una oportunidad para buscar mejores condiciones de vida para su familia, ante la realidad de su nación, que se deteriora aceleradamente.

Al otorgarle visa de residencia, México le estaba abriendo las puertas -o al menos eso suponía- como lo hizo Venezuela con la madre de Mildred hace más de 40 años. Por eso su suegra lo animó a hacer el viaje, segura de que sería bien recibido; un buen trato era lo mínimo que esperaba para él en retribución al cariño que una incontable cantidad de extranjeros ha recibido en el país suramericano. Ahora ella siente pena y tristeza por lo ocurrido.

Jesús aterrizó en Ciudad de México a las 8:40 de la noche del 8 de marzo. Llegaba en el vuelo IJ2931 procedente de Bogotá, ciudad que le sirvió de puente hacia su destino. “Me bajé del avión lo más pronto que pude porque mi cuñada y su esposo fueron a recibirme”. Afirma que en todo momento se sintió confiado de no tener inconvenientes para ingresar al país y estaba dispuesto a responder, en caso de surgir preguntas por parte de migración.

Al ser consultado sobre el motivo de su viaje, dijo que iba a trabajar con un cuarteto. Esta es una de las diversas invitaciones que ha recibido de este y otros países por su gran talento y trayectoria, pero especialmente en México se encuentran algunos de sus amigos también músicos, con quienes tiene la oportunidad de emprender proyectos.

“El funcionario me pidió que le mostrara la carta de invitación, pero yo no tenía una carta impresa porque en la Embajada (de México en Venezuela) me dijeron que no la necesitaba”. Esa información la recibió al momento de tramitar su visa de residencia, que fue aprobada y tiene vigencia desde el 31 de enero de 2018. Ese trámite fue sencillo, debió presentar únicamente la partida de nacimiento de su esposa, el acta de matrimonio y una foto tipo carnet, realizó el pago correspondiente y en cinco días hábiles tenía la visa.

Relata que en el aeropuerto el funcionario revisaba muy a detalle la visa pegada en la penúltima página de su pasaporte. Entró a una oficina y desde fuera Jesús podía ver que conversaba con otro empleado. “Estaban como dudando, pero yo me sentía confiado y seguro porque sabía que mis documentos eran legales, además siempre dije la verdad”.

“Si quieres adelantamos el procedimiento y te devolvemos a tu país”
La desinformación fue una constante. Jesús pensó que pronto se aclararía la situación y se iría, pero le pidieron llenar un formulario y después de esperar 40 minutos en un pasillo, sin ninguna idea de lo que estaba ocurriendo, fue llamado a entrevistarse con una funcionaria de quien recibió un trato amable. Ante sus preguntas, le explicó a qué se dedica y mostró su carnet de la orquesta. Al culminar, le indicaron volver al pasillo de espera.

La tardanza comenzaba a angustiarlo porque, en consecuencia, hacía esperar a sus familiares en el aeropuerto. Entonces preguntó si el proceso tardaría mucho más y pidió que le permitieran hacer una llamada. Esta solicitud transformó el buen trato de la funcionaria, quien ahora le decía en tono amenazante: “tienes que esperar, o si quieres adelantamos el procedimiento y te devolvemos a tu país”.

Le preguntó qué pasaba e intentaba que le dijeran si estaba rechazado; no hubo más respuestas.

Como en una cárcel
En el siguiente paso del procedimiento, fue llevado a un cuarto pequeño, oscuro y sin ventanas, donde permaneció por más de 10 horas. Jamás estuvo en una situación similar, le parecía de película y no lograba comprender cómo y bajo qué argumentos estaba retenido. Era su tercera vez en México, ha visitado más de 27 países alrededor del mundo y nunca, reitera, había vivido algo parecido.

Describe un ambiente impregnado de olores desagradables; eso lo desconcertó. “Era horrible, incómodo, el aire estaba enrarecido, era una cosa sórdida”. En aquel espacio reducido, solo había bancos de cemento empotrados a la pared y colchonetas arrumadas al fondo. El baño no tenía puerta, ni extractor de aire.

Junto a él pestaban dos ciudadanos de la India y uno de Colombia, mientras que en un cuarto contiguo, solo para mujeres, se encontraba una colombiana. Ahí dentro perdían la noción del tiempo, no tenían acceso a sus relojes, teléfonos y demás pertenencias. Los oficiales de guardia se negaban a darles la hora o les decían una errada. “Eran sarcásticos, se reían, contaban chistes entre ellos”, recuerda.

A este músico también le preocupaba no tener a la mano su instrumento ni el equipaje de mano. A ratos dormía en una de las colchonetas, improvisando una almohada con su chaqueta. Para él, ese lugar “era una cárcel”.

A la mañana siguiente, le notificaron que sería devuelto a Bogotá. Momentáneamente tuvo una confusión de términos y lo interpretó como una deportación, pero en realidad no lo enviarían a su país de origen.

Aproximadamente a las 7:30 de la mañana le autorizaron hacer una llamada a algún conocido en México. Ningún funcionario había informado a su cuñada sobre lo sucedido, a pesar de que ella permaneció en el aeropuerto hasta la madrugada y su número de contacto estaba en el formulario.

El vuelo de regreso a Colombia, con ABC Aerolineas, S.A. de C.V la misma compañía que lo llevó a México, tenía salida a las 9:35 de la mañana de ese 9 de marzo. Una hora antes, empleados del aeropuerto le llevaron comida. “Ni siquiera la miré, la dejé en el banco del cuarto porque no sentía deseos de comer, tenía el estómago cerrado”. No probaba bocado desde la tarde del día anterior.

Cuando llegó la hora de abordar, le permitieron tomar sus pertenencias. “Llegó un funcionario que parecía un actor, con una presencia impecable, pero déspota. Yo quería saber en qué condiciones me regresarían a Colombia y no me respondía”. Ese funcionario junto a dos oficiales lo condujeron hacia el avión, así como también a la dama colombina y dos hombres de la misma nacionalidad. “Íbamos custodiados cual delincuentes, caminando a velocidad rápida y yo casi no podía seguir el paso porque me dolía la espalda, llevaba mi morral y mi viola. El oficial nos montó en el avión y le entregó nuestros pasaportes a los sobrecargos”.

Fueron los últimos pasajeros en subir. Con la incertidumbre por su destino y el temor de que la pesadilla continuara al llegar a Bogotá, en ese viaje Jesús apenas pudo tomar agua y comer la mitad de un sándwich.

Calificado inadmisible y llevado a Colombia
“El Instituto Nacional de Migración en el Aeropuerto de la Ciudad de México ha determinado que la siguiente persona ha sido calificada inadmisible al territorio nacional y, en consecuencia, se ha decretado su rechazo”, reza el oficio enviado por el instituto a la aerolínea para que Jesús Alexander Pérez viajara de regreso a Bogotá.
Cada recuerdo le hace revivir tan desagradable experiencia. “Fue un trato discriminatorio, siento que violaron gran cantidad de derechos, empezando porque no me dejaron comunicarme”.

Reconoce que en el Aeropuerto El Dorado el trato fue digno y respetuoso. Al bajar del avión, fueron acompañados por una empleada y llevados por pasillos a los que sólo tenía acceso el personal con credencial. “Íbamos como acortando camino”. Mientras eso ocurría, Jesús se concentraba en conectar su celular a la señal WiFi y fue entonces cuando logró llamar a su esposa y su hija en Caracas. Entre esos pasillos se topó con el cuarto de migración y vio que tenía solo dos colchonetas, pero afortunadamente no hacían falta porque esta vez no tenía que entrar.

Pasó directamente y sin hacer cola a registrar su ingreso a Colombia, recibió el sobre que contenía su documentación y el oficio del Instituto Nacional de Migración, y retiró su equipaje. Pero la travesía no ha culminado. Jesús permanece en Bogotá, con ayuda de unos paisanos que le brindan alojamiento. No hay cupos disponibles en vuelos de Avior Airlines hacia Caracas, aunque se ofertan vía internet con pago en dólares. Sus posibilidades de adquirirlo son escasas, la mayor parte de los ahorros de su familia fueron usados para costear su viaje original.

Ahora la decisión de ir nuevamente a México, confiando en que su caso sea reconsiderado, o volver a Venezuela, en el supuesto de encontrar boleto, es tan difícil como cuando se determinó a salir de su país.

“Yo amo a Venezuela, pero estaba en juego la subsistencia de mi familia”. Compara, por ejemplo, que hace una década su ingreso mensual en la orquesta era equivalente a $2400 y hoy en día no supera los $4.

Su deseo es estar bien y que su familia también lo esté. Su propósito, en cualquier circunstancia, es prosperar.

Solidaridad y apoyo
Jesús además cumple una loable labor al servicio de muchos venezolanos, como miembro de la Asociación Civil Hijos de Morán, red de solidaridad que surgió en este municipio larense y contribuye a mejorar la calidad de vida de los habitantes de diversas zonas del país, convirtiéndose en ejemplo para toda Venezuela.
En agradecimiento a su servicio desinteresado y como muestra de hermandad, invitamos a todas aquellas personas e instituciones a nivel mundial que tengan la posibilidad de ayudarlo, a prestar apoyo para hacer contactos con embajadas y consulados, tender puentes con el gobierno de México, así como proporcionarle hospedaje, alimentación o recursos que le permitan realizar trabajos en Bogotá, costear el pasaje y solventar su situación migratoria. Para contacto directo: alexviol2@gmail.com.

 

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